“Frankenstein” o el milagro de la medicina regenerativa

¿Ha alcanzado la ciencia-ficción a la realidad?

¿Podemos crear células, tejidos, órganos, vida? ¿Hasta dónde podrá llegar el ser humano para mejorarse a sí mismo?


A partir de retazos de cadáveres y con un toque de electricidad, Mary Shelley creaba en 1818 esta maravillosa criatura de la mano del excéntrico científico Victor Frankenstein, marcando el nacimiento de un género que da sentido, entre otras muchas cosas, a este blog.

Frankenstein (James Whale, 1931), un clásico del cine fantástico, se ha convertido en un film de referencia de todos los amantes del terror gótico y la ciencia-ficción. La criatura inmortalizada por Boris Karloff es ya un icono universal comparable a los otros grandes monstruos del celuloide: Drácula, King Kong, la momia o el hombre lobo. Pero hay algo que nos atrapa en esta historia sobre la relación establecida entre el creador y su creación. Esa criatura grotesca fabricada a partir de retales cadavéricos, cosidos y galvanizados para crear vida, para superar el miedo atávico a la muerte.

El creador, el Dr. Frankenstein (Colin Clive), personifica a su vez la imagen del científico loco, el espíritu del progreso que no se detiene ante nada, ni es consciente de los límites morales de su actividad.

En 2018 se cumplen dos siglos de la publicación de la que es considerada la primera obra de ciencia ficción de la historia de la literatura. Dos años atrás, en 1816, se produjo un encuentro en la que ha venido a llamarse “La noche de los monstruos”. Lord Byron, Percy Shelley, su esposa Mary Shelley y Polidori se reunieron en un lago suizo donde surgió la idea del monstruo. La criatura y la historia imaginada por Mary Shelley reunían en su relato tensiones y acontecimientos que estaban presentes en aquellos tiempos.

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@Karen Foresee (foreseek) on PinterestWomen in Science Fiction”

La ciencia (y el contexto) que originó el mito

Por un lado, a nivel de investigación científica, destacaban los estudios electrofisiológicos de Galvani, que había experimentado con ranas muertas a las que hacía mover mediante descargas eléctricas y que Shelley introdujo en su novela dándole un matiz moderno de la época. Aunque en entonces empezaban a crearse las primeras sociedades científicas, en cambio, el Dr. Frankenstein encarna al “científico loco” que además trabaja en soledad, situación que no suele darse: precisamente el avance del conocimiento científico se basa en la colaboración entre diferentes expertos y disciplinas que se complementan. La criatura representa también una de las primeras ocasiones en que se plantea la medicina regenerativa en la ficción, quizá en términos poco científicos para los estándares actuales, pero por delante de la ciencia de la época.

Además, en esa época abundaban los ladrones de cadáveres, ya que eran frecuentes los robos de cuerpos de cementerios para venderlos a los estudiantes de medicina que deseaban practicar la disección con cuerpos humanos. Esto, por supuesto, contribuía a que la percepción de la ciencia fuese más bien algo siniestro y a evitar, más que una fuente de innovación y de progreso, especialmente entre los románticos.

Cabe destacar los cambios sociales a raíz de la reciente Revolución Francesa, que en Inglaterra daría lugar a una reacción conservadora: la época Victoriana. También resuenan traumas personales de la autora, rodeada de la muerte de sus seres queridos: su madre (que fue pionera del movimiento feminista) al nacer ella, todos sus hijos excepto uno, posteriormente su marido… Esta relación de la escritora con su entorno personal y su creación (la criatura) fue magistralmente adaptada en la película de Gonzalo Suárez, Remando al viento (1988).

Frankenstein en el cine

Pero la criatura gótica y romántica de Shelley fue adaptada al cine y caracterizada por Karloff dando lugar a un monstruo singular que representa la soledad del diferente, una criatura predestinada a la incomprensión, la persecución y la muerte.

Son muchas las resonancias y readaptaciones del mito en la cinematografía actual. Cómo muestra pop, el delicioso Eduardo Manostijeras de Tim Burton (1990). Un joven autómata inadaptado a quién su creador no pudo acabar y dotar de manos. Sensible e inteligente, como la criatura de Shelley, es plenamente consciente de su situación. En la vertiente de la ciencia ficción hallamos a los replicantes de Blade Runner de Ridley Scott (1982): creaciones biogenéticas que se revelan contra su creador (el hombre) que los dotó de una precoz mortalidad.

Por último, algunas de las más recientes adaptaciones del mito de Frankenstein: Morgan de Luke Scott (2016) o Ex–machina de Alex Garland (2015). En ellas se revisa la relación del creador con su criatura, los retos de la inteligencia artificial y nos adentra en el terror a que estas criaturas y sus acciones se nos escapen de las manos, el miedo a que las creaciones superen al creador y se revelen contra él, aunque hoy en día aún estamos muy lejos de esta realidad. Historias de padres e hijos al filo del abismo, que se retroalimentan y reinventan a través del tiempo.

¿Hasta donde ha llegado la medicina regenerativa? ¿Se podría recrear todo un ser vivo?

Hoy en día somos capaces de generar células y tejidos gracias a técnicas de cultivos “in vitro”. Estos avances permiten, entre otras cosas, la regeneración de tejidos dañados en pacientes sin riesgo de provocar rechazo, ya que pueden conseguirse a partir de sus mismas células.

Por otra parte, las recientes aplicaciones de la bioingeniería a la impresión 3D ya permiten crear algunas estructuras de soporte cartilaginoso: se puede crear un “andamio” poroso sobre el que se imprimen las células a modo de tinta, que van proliferando hasta rellenar el molde. Sin embargo, la obtención de órganos artificiales funcionales es compleja ya que éstos requieren de estructuras vasculares y diferentes niveles de organización celulares y de tejidos, aunque se prevee que podrían ser una realidad en los próximos años.


Esta entrada está basada en el coloquio “Universo Frankenstein. Dos siglos de la criatura immortal de Mary Shelley”, organizado por la UOC, con la participación de Jordi Sánchez-Navarro, Ángel Sala, Ángeles Gómez, Ricard Ruiz Garzón, Sandra Hermida y Desirée de Fez.

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